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La educación en emergencias: los efectos persistentes de la COVID-19

A girl listen to her school classes on the radio

Cuando se produjo la crisis de la COVID-19, los gobiernos respondieron cerrando temporalmente las escuelas, lo que afectó al 91% (1.600 millones) de los estudiantes de todo el mundo. Al menos 463 millones de niños -un tercio de los afectados por los cierres- no pudieron acceder a ningún tipo de aprendizaje a distancia durante el cierre de las escuelas. Para septiembre de 2020, UNICEF informó que de 158 países encuestados sobre sus planes de reapertura de escuelas, uno de cada cuatro no había fijado una fecha para permitir que los estudiantes volvieran a las aulas. La pérdida de oportunidades educativas ha socavado la productividad, reducido los ahorros de toda una vida y ampliado las desigualdades. Las repercusiones económicas de la pandemia podrían causar una pérdida de 10 billones de dólares en ganancias a lo largo de la vida de esta generación de niños, lo que llevaría a 86 millones más de niños y jóvenes a la pobreza familiar para finales de 2020.

Es preocupante que la pérdida de oportunidades educativas también plantee otras preocupaciones en materia de protección que repercutirán a lo largo del próximo año, especialmente en los entornos frágiles. La UNESCO estima que 23,8 millones de niños, adolescentes y jóvenes corren el riesgo de no volver a la escuela en 2020, entre ellos 11,2 millones de niñas y mujeres jóvenes. El hecho de no volver a la escuela incrementa el riesgo de que aumente la violencia física y emocional, la explotación y el abuso sexual y el reclutamiento de niños por los grupos armados. Millones de niños podrían ser forzados a trabajar, lo que supondría el primer aumento del trabajo infantil desde 2000.90 Concretamente, cuanto más tiempo pasen las adolescentes sin asistir a la escuela, menos probable será que regresen, ya que las interrupciones en la educación aumentan considerablemente sus riesgos de contraer matrimonio precoz y forzoso y de quedar embarazadas en la adolescencia. El hecho de no volver a la escuela también cierra la puerta a una oportunidad de intervención temprana para identificar la violencia doméstica y brindar apoyo nutricional y vacunas de rutina o exámenes médicos básicos. La pérdida de estas oportunidades de intervención temprana podría dar lugar a necesidades humanitarias más amplias en 2021 y en años sucesivos.

UNICEF/Helene Ryeng

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