Parte dos: Planes coordinados entre agencias

Nigeria

HRP
Población necesitada
8,9 millones
Población meta
6,2 millones
Requerimientos (US$)
1,1 mil millones
Población total
206,1 millones
Nivel de ingresos
Bajo
INFORM Severity Index
4.2 / Alto
Llamamientos consecutivos
2014 - 2021
Personas beneficiadas (2020)
5,7 millones

Análisis del contexto, la crisis y las necesidades

La gran crisis del noreste de Nigeria persiste sin cesar: la continuación del conflicto seguirá afectando gravemente a millones de personas en 2021, sometiéndolas a desplazamientos, empobrecimiento y amenaza de violencia. El conflicto armado no tiene un final claro a la vista. La estrategia de las Fuerzas Armadas de Nigeria (desde 2019) de reagruparse en "supercampamentos" no ha garantizado la seguridad y la protección de los desplazados internos y otros civiles cercanos. Las perspectivas de que los desplazados regresen a sus zonas de origen en condiciones de seguridad distan mucho de ser seguras.

El entorno operativo sigue siendo extremadamente volátil, en particular en el Estado de Borno, donde todas las principales rutas de suministro se han vuelto peligrosas para los civiles y, en particular, para los trabajadores humanitarios, el cargamento humanitario y los suministros. Los centros humanitarios y las oficinas de las organizaciones de socorro han sufrido ataques periódicos en 2020.

Las necesidades de protección son formidables. Las mujeres y las niñas están amenazadas por la violencia, el secuestro y la violación, por ejemplo, cuando se aventuran a salir de las trincheras que rodean muchos campamentos de desplazados internos para recoger leña, aunque también dentro de los campamentos de desplazados internos. La violencia de género está aumentando, al igual que los matrimonios forzosos y los matrimonios infantiles; las mujeres y las niñas siguen careciendo de una protección adecuada y de acceso a los servicios. La desesperación lleva a las mujeres a estrategias negativas para hacer frente a la situación, como el intercambio de sexo por alimentos y otras necesidades. Todo esto conduce a una mayor mortalidad materna, a morbilidad como fístulas, a embarazos no deseados y a la deserción escolar de las niñas. El desplazamiento y el retorno imponen un alto riesgo a los niños separados y no acompañados. Los adolescentes varones y niños corren el riesgo de ser reclutados por la fuerza por los grupos armados o de que las autoridades sospechen que están socios con los grupos armados.

La pandemia de la COVID-19 agrava las necesidades humanitarias y complica la respuesta. La economía nigeriana ha sufrido la caída de los precios mundiales del petróleo y las medidas de restricción para mitigar la pandemia, en particular los cierres intermitentes de las fronteras y la necesidad de dedicar recursos a reducir la propagación del virus. El consiguiente menoscabo de los medios de subsistencia se traduce en una pérdida de ingresos y del poder adquisitivo, con efectos agudos en las personas ya vulnerables e inseguras desde el punto de vista alimentario. En el plano operativo, las medidas adoptadas por la COVID-19 para mantener la seguridad del personal y los beneficiarios de la ayuda humanitaria consumen tiempo y recursos. El conflicto y la inseguridad han aislado a las personas de su principal medio de vida: las tierras de cultivo. Esto provoca una gran inseguridad alimentaria en el noreste de Nigeria, que los efectos de la COVID-19 en los ingresos han exacerbado: a pesar de los buenos rendimientos de las cosechas, la inseguridad alimentaria va en aumento.

No obstante, se buscan soluciones para las personas atrapadas en esta crisis, muchas de ellas desde 2009. Los gobiernos estatales están cada vez más comprometidos con el retorno de los desplazados internos: el Gobierno del estado de Borno en particular ha establecido el objetivo de que todos los desplazados internos regresen para mayo de 2021. Si la mayoría de las zonas identificadas para el retorno son sumamente inseguras e inaccesibles para las organizaciones humanitarias, podría haber alternativas disponibles y es necesario explorarlas más a fondo, principalmente el reasentamiento en zonas más seguras donde haya suficiente tierra, o la integración local junto a las ciudades y pueblos donde se refugian. Para las pocas zonas que son relativamente seguras para los desplazados internos que deciden regresar, se necesita ahora un conjunto concertado que incluya planes oportunos de soluciones duraderas para garantizar un regreso seguro, voluntario y digno. Los servicios esenciales, las perspectivas de medios de vida firmes, la infraestructura básica, la administración civil para garantizar el estado de derecho y la ayuda humanitaria para las difíciles primeras fases del retorno tendrán que prestarse de forma sincronizada. En el caso de los desplazados internos procedentes de zonas no propicias para el retorno, las organizaciones humanitarias abogarán (y los gobiernos de los Estados han señalado cierta apertura al respecto) por las soluciones alternativas - duraderas aunque no necesariamente permanentes- de integración local o reasentamiento. Un ejercicio inicial focalizado podría señalar el camino a seguir cristalizando nuevos métodos de trabajo conjunto entre el gobierno, la sociedad civil nacional y local y la comunidad internacional, en particular los actores de desarrollo, humanitarios y de consolidación de la paz. No obstante, como las soluciones tardarán en llegar para la mayoría de los 1,9 millones de desplazados internos necesitados, la comunidad humanitaria debe seguir mejorando las condiciones en los campamentos, incluida la descongestión, y en las comunidades de acogida.

Situación prevista para 2021 y más allá

La evaluación exhaustiva de las necesidades multisectoriales (MSNA) realizada a mediados de 2020, más otros datos y análisis de riesgos, proyectan un aumento del 13% de las personas necesitadas en 2021, de 7,9 millones en 2020 a 8,9 millones de personas en 2021. La ligera reducción de los desplazados internos y los repatriados en situación de necesidad se compensa con creces con el aumento de las necesidades de las comunidades de acogida, debido principalmente a la COVID-19. Las necesidades son multisectoriales y varían en cuanto a su gravedad en las distintas zonas y entre los tres grupos afectados de desplazados internos, repatriados y comunidades de acogida.

Evolución de las necesidades y los requerimientos (2016 - 2021)

Prioridades de la respuesta en 2021

Los enfoques estratégicos e intersectoriales para 2021 pueden agruparse como: mejorar las condiciones y los servicios en los campamentos de desplazados internos; remediar la inseguridad alimentaria aguda, incluso en las comunidades de acogida; fortalecer los medios de vida autosuficientes de los desplazados internos dentro y fuera de los campamentos oficiales; y lograr soluciones alternativas y duraderas a escala limitada que probablemente sean viables en 2021.

Dado que las necesidades son generalizadas, se estima que las zonas (y los grupos afectados en ellas) con peores niveles de gravedad constituyen las personas necesitadas. Dentro de ellas, los sectores se dirigen a las personas más necesitadas, con sensibilidad de género, hasta el límite de la capacidad colectiva de un sector para prestar servicios. El establecimiento de prioridades para las medidas más críticas en esos sectores agudiza aún más la respuesta prevista. Una mejor cuantificación de la respuesta humanitaria del gobierno enfocará el PRH en las verdaderas deficiencias.

Por último, la perspectiva de soluciones para algunas personas afectadas exige la adopción de medidas humanitarias, de desarrollo y de consolidación de la paz sincronizadas en el espíritu del Nexo, que este PRH perseguirá concretamente a medida que surjan oportunidades en 2021.

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